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Sin entrar en la discusión respecto a la denominación como métodos, sistemas, procedimientos, …, hemos de considerar en principio que la educación musical ha transitado partiendo de dos puntos de vista bien diferenciados, el primero que presenta como objetivo el desarrollo y perfeccionamiento de una actividad artística per se, y la segunda que persigue la formación del niño a través de la música, utilizando ésta como herramienta educativa.

 

A la primera visión han contribuido los conocidos como Métodos Tradicionales, los cuales formulan y organizan los conocimientos teóricos y prácticos de una enseñanza musical orientada a una realización artística de la música. Estos métodos abordan los conocimientos de forma ordenada y lógica pero sin atender las necesidades y las capacidades del alumno. El factor lógico predomina sobre el pedagógico o psicológico.

 

Va a ser desde principios del siglo XX y a partir de la denominada “Escuela Nueva”, con la aportación de músicos y pedagogos como Dalcroze, Willems, Orff, Martenot o Kodály, cuando aparezcan los denominados Métodos Activos en los que se aborda la educación musical con una clara fundamentación pedagógica, como es por ejemplo la implementación de los principios de cognitividad y creatividad a través de la música.

 

Como es evidente, no podemos considerar cada uno de los métodos que veremos a continuación como algo rígido e imperecedero; la evolución y actualización de algunos de sus postulados se hace imprescindible con el paso de los tiempos. Es por ello que los grandes pedagogos de hoy en día no hablan tanto de métodos como de principios y del redescubrimiento de la pedagogía musical a través de una enseñanza más tradicional impregnada de fundamentación pedagógica, superando así cualquier adscripción inflexible a una u otra metodología.

 

Sin pretender abarcar todas aquellas metodologías surgidas en el siglo XX, revisemos algunos de los postulados básicos de las más reconocidas.